Principio
de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
Recientemente,
desde diversos estamentos del estado del gobierno, en distintos
medios de comunicación, se ha empezado a lanzar el mensaje de que la
recuperación económica es inminente, que hemos tocado fondo y que
atisbamos la salida de la crisis. Tal derroche de optimismo, falso
como pocas falsedades que venimos aguantando desde que Mariano y su
panda llegaron a la Moncloa mediante un escandaloso fraude electoral,
sólo es entendible si se tiene en cuenta un factor determinante. Y
este es que vienen dos años, 2014 y 2015, con sendas citas
electorales en el horizonte. Valga el encabezamiento de este
artículo, cogido de los 11 principios de la propaganda de Göebbels,
para empezar a atar cabos.
La
salida de la crisis no está ni mucho menos cercana. Pero no de la
crisis económica, que de esa saldremos algún día, algunos con unos
cuantos millones más en sus opacas cuentas de los distintos paraísos
fiscales de este mundo. De la que no parece que vayamos a salir es de
la crisis moral y ética que sufre la clase política de este país.
Es esa crisis la que está hundiendo la vida de miles de ciudadanos a
lo largo y ancho de nuestra geografía. Si no, ¿qué moralidad y qué
ética puede tener una ministra de Sanidad que deja fuera de la
sanidad pública a los inmigrantes sin papeles? ¿Qué moralidad y
qué ética puede tener una Ministra de Empleo que, aparte de no
haber trabajado en su vida, redacta una ley laboral que deja
indefensos a los trabajadores y trabajadoras de este país? ¿Qué
moralidad y qué ética puede tener un Presidente del Gobierno que ha
incumplido todas y cada una de las promesas electorales que hizo en
campaña y, en base a las cuales, llegó a la presidencia? La
respuesta es sencilla. Ningunas.
En
dos años de gobierno popular hemos retrocedido muchos más en
derechos sociales y laborales. Hemos visto como el estado del
bienestar se ha dinamitado para pagar los desmanes y la clarividencia
de las entidades financieras, endeudadas hasta la médula por
alimentar a la bestia del ladrillo, que ha fagocitado toda la riqueza
de este país. Hemos visto, en nombre de la crisis económica, como
se han tomado medidas antisociales que, desde luego, nada tenían que
ver con la salida de la crisis. Si no, que alguien nos explique que
relación tiene con la recuperación económica el restringir (aún
más) el derecho al aborto. O el ofertar religión en Bachillerato y
Educación Infantil. O... Es decir, la crisis ha servido de coartada
para que puedan llevar a cabo medidas ideológicas, de esa ideología
rancia y casposa, heredada del régimen del Generalísimo, cuyos
herederos copan a fecha de hoy la política nacional, autonómica y
municipal.
Pero
no pasa nada, porque según el gobierno de este país, hemos tocado
fondo y hemos emprendido ya la senda de la recuperación económica.
Pues que les pregunten a la plantilla de Panrico si hemos tocado
fondo, dado que se van a quedar sin trabajo por los altos sueldos y
las pésimas gestiones de los directivos de la empresa. O a los
trabajadores de Pescanova. O a los seis mineros "privilegiados"
que han muerto ayer lunes en León. O a Amaya, despedida por Konecta
el mismo día de su desahucio.
Esperemos
que la mentira no cale en las mentes de los votantes de cara a las
próximas citas electorales. Echemos del poder a los que gobiernan
para casi nadie, démosles en la cara con las armas que dicen
defender, es decir, los votos, la voz popular, y la democracia.
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