viernes, 23 de agosto de 2013

SEPTIEMBRE CALIENTE

Con el mes de agosto parece que toda la ponzoña institucional queda aplazada hasta el comienzo del nuevo curso político, que dará su pistoletazo de salida con el PP, con don Mariano al frente, inmerso en una serie de frentes que, esperemos, le pasen factura política.
Este mes de agosto la política nacional ha saltado a la primera plana de la actualidad por la pantomima 
y el esperpento que se han organizado con el siempre útil y recurrente tema de Gibraltar, cuando el gobierno de turno se encuentra en apuros. Resulta ya agotador darse cuenta de que los dirigentes políticos de este país la ciudadanía es una patulea descerebrada, que, voluntaria o involuntariamente, al serel introducida en su cerebro una idea, desecha sin problemas las anteriores. Esta visión del pueblo resulta hasta insultante. Y no sería un problema si no fuese porque alguna razón tendrán para seguir usando estas tácticas de control mental. Y esa razón no es otra que, por desgracia, funciona. Enorme es la masa social que está en este momento afilando los sables para un eventual conflicto armado con la Pérfida Albión, en aras de la unidad e integridad territorial española.
Pero, por mucho que mareen la perdiz con estos asuntos, para mí y muchos, menores, es cierto que, a 
la vuelta de las vacaciones, don Mariano no es que vaya a tener varios frentes abiertos, es que van a ser los mismos que antes del verano. El Gran Mentiroso tiene firmemente arraigada la idea (que ha marcado toda su carrera política en los últimos años) de que la inacción hará que los problemas, por sí solos desaparezcan. Así es como ha llegó a la secretaría general del partido y así es como ganó las elecciones generales, más por demérito del Partido Socialista Obrero Español que por méritos de su formación. Con eso y una campaña electoral llena de falsas intenciones y buenas palabras, conquistó la Moncloa, sabiendo en su fuero interno, seguramente, que todo lo que había prometido se lo llevaría el viento.
Todo el mundo ha comprobado el signo ultraliberal de las políticas sociales y laborales de nuestro actual gobierno. A lo que sí se asiste incrédulo (aunque no entiendo el por qué de esa incredulidad) es al mayor caso de latrocinio instiucionalizado de la historia de España, en el que parecen estar salpicados varios miembros no sólo del partido en el gobierno, sino del propio gobierno. Muchos son los sorprendidos por estos presuntos hechos. Pero otros muchos no, porque sabemos que la corrupción y el expolio del dinero público y las prácticas deshonestas con fines lucrativos van en el ADN del político medio español.
Septiembre se presenta movido para don Mariano y su gabinete, pero las esperanzas que muchos tenemos depositadas en la actuación de la justicia, "independiente" ésta como es del poder político, son pocas o nulas. La justicia en este país se ha preocupado muy mucho de dejar claro que, por más que su majestad lo proclame, no es igual para todos. Desde luego, para los que la manejan, dirigen y utilizan para sus fines, suele ser más laxa, tiene más manga ancha. Es por ello que Mariano no debe de andar muy preocupado. Desde luego, si el juez que me investiga, da cinco días para entregar los ordenadores, ni se me pasa por la cabeza que ordene un registro en la sede del partido. Estupor causa que les otorgue a los sospechosos casi una semana, imagino que podemos confiar en su buena fe, con respecto a la destrucción de pruebas.
Por otro lado, la patronal parece que viene con fuerza y con las pilas cargadas después del parón estival, con sus novedosas medidas de toda la vida, que serán más flexibilidad laboral, aunque no especifican qué hay que flexibilizar. Imagino que serán las carnes macilentas de los trabajadores, sus horas de trabajo y sus sueldos. En fin, innovaciones revolucionarias para recuperar la maltrecha economía patria.
Así pues, parece que septiembre se presenta mal para el gobierno, aunque, siendo España un país como es, con su particular idiosincrasia, yo no me preocuparía si fuese él.

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