Han pasado ya algo más de tres meses desde que Mariano Rajoy ganase unas elecciones con una campaña, básicamente, plagada de mentiras, que mucha gente creyó a pies juntillas, y poco ha tardado el propio Don Mariano en constatar el hecho, sabido ya por muchos por otra parte, de que está de todo menos preparado para sacar a España del estado de crisis y debacle laboral en que se encuentra. Basta para empezar esta entrada remarcar el hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero es considerado por muchos el peor presidente del gobierno que ha tenido España, pero los ciudadanos han decidido aupar a La Moncloa al candidato que perdió dos elecciones generales contra él.
Don Mariano ha incumplido dos de sus principales promesas electorales, al decir que no subiría los impuestos y que no abarataría el despido. Y han sido las primeras promesas incumplidas de una larga serie que iremos viendo a lo largo de su mandato. El aumento del IRPF ha cargado aún más el peso de la crisis en las espaldas de la clase trabajadora "normal", esa que al Partido Popular no le guste, aunque les haya dado muchos de los votos que lo han llevado a La Moncloa. No les gusta por pobretones, por llanos, por subversivos, en muchos casos, por ignorantes, hasta ateos. Se nutre de ese gran grupo social (de cuál si no podría nutrirse un partido que pretende llegar a gobernar, del mayoritario), y no ha tardado ni tres meses en dejarle en la estacada, concediendo prácticamente barra libre para el despido a los empresarios, necesitados como están de medidas que les permitan contratar con más seguridad en estos tiempos oscuros que vive la economía nacional y mundial. Pues bien, es tanta la famosa confianza que don Mariano ha traído al empresariado con su reforma laboral que el paro en el mes de febrero ha subido en más de 100.000 personas. Lo sangrante es que el único y verdadero culpable de esta subida es, ni má ni menos que la crisis. La misma que había cuando gobernaza Rodríguez Zapatero, que hacía subir el número de desempleados mes a mes. Pero entonces él era el único y máximo culpable de todos los males de España y del mundo, entre ellos, del aumento del paro.
La reforma laboral, como ya he dicho, básicamente ha consistido en que, para que los empresarios se animen a contratar, se les da todo tipo de facilidades para despedir a esos nuevos contratados, si no fuesen de su agrado. Ahora mismo, un trabajador en este país puede ser despedido por no aceptar una rebaja del salario, si una empresa acumula tres trimestres de pérdidas, entendiendo las pérdidas como una simple disminución de los beneficios previstos (terrorífico va a ser octubre, cuando las empresas aprovechen la coyuntura para limpiar y sanear sus plantillas con la excusa de los pingües beneficios), hasta por ausencias, aunque sean éstas justificadas. Todo esto sólo se entiende sabiendo que la derecha de este país, a diferencia de otras derechas europeas, representa al sector más radical de los herederos del franquismo, reciclados todos ellos en los auténticos y únicos demócratas de este país, como el insigne don Manuel Fraga Iribarne, fallecido en enero, asistiendo atónitos a como todos los medios se llenaban de elogios a este auténtico demócrata español, que, entre otros méritos, tenía el de ser el último ex-ministro del Régimen aún vivo y en activo, actividad como censor, la firma de varias sentencias de muerte, etc. Todo un ejemplo de cómo la derecha de este país es capaz de ponerse el disfraz de la moderación, el centrismo y el diálogo cuando la ocasión lo requiere, disfraz que no tardan en quitarse, y con gusto, cuando la ciudadanía tiene la poca sensatez de otorgarles en las urnas una mayoría absoluta.
Causa estupor el haber escuchado a varios pesos pesados del recién estrenado gobierno de la nación admitir, no precisamente en privado, que la reforma laboral no va a crear empleo, y que la posibilidad de los seis millones de parados es algo muy real. Entonces, se pregunta el ciudadano medio, ¿para qué se ha hecho?. La respuesta es sencilla, va a ser un mecanismo muy útil para despojar a los trabajadores de sus derechos, esos que tanto molestan a caciques y negreros, para que, presas de la desesperación, muchos millones de personas consientan y acepten condiciones de semiesclavitud con tal de poder acceder a un puesto de trabajo. En resumidas cuentas, porque los obreros españoles estaban ganando ya unos sueldos muy elevados, y eso es algo que no se puede permitir. Y ahí está el error. Decirlo es de perogrullo, pero hay que decirlo. Si le quitas a la clase media la capacidad de consumir, la economía española, basada, precisamente, en los bienes de consumo, no se recuperará jamás. No creo que el actual gobierno sea desconocedor de este hecho, así que las razones que les han llevado a empobrecer aún más a la ya precaria clase media de este país sólo las conocen ellos.
Para el próximo 11 de marzo hay convocada una manifestación por los sindicatos, en contra de la reforma laboral. Estupor produce la reacción de la Caverna por la elección de esa fecha, de tan infausto recuerdo en la memoria reciente de España. Por desgracia para ellos, la hemeroteca, en estos tiempos digitales, está ahí, para demostrar que el PP o sus organizaciones afines no han tenido reparo otros años en manifestarse en la misma fecha, lo que da una muestra más de la mentalidad que llevan arrastrando muchos años, la del "haz lo que digo y no lo que hago".
Así que, por mucho que don Mariano se haya empeñado hasta la saciedad en declararse líder del único partido que en verdad va a tener en cuenta a los trabajadores y de culpar a su predecesor en el cargo de todos los problemas del país, ha tardado tres meses en conseguir manifestaciones en contra de su gestión y que se esté hablando ya de una huelga general. Y le tendremos, si nadie lo remedia, hasta 2015.
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