viernes, 28 de diciembre de 2012

DE TODO MENOS VERGÜENZA

Ayer día 27 de diciembre de 2012 se votó en la Asamblea de Madrid, comunidad en la que resido, la cesión de la gestión de seis hospitales y veintisiete centros de salud de la comunidad. El hecho en sí es grave, pues supone otro paso, gigántesco esta vez, en el proceso del desmantelamiento del estado del bienestar que se está llevando a cabo a lo largo y ancho de este país, toda vez que el PP madrileño, tan amigo del suspense, no ha indicado cuáles serán los centros a los que se e cederá dicha gestión.

Pero lo que llamó la atención del pleno de ayer, no fue este hecho en sí, que era algo que se sabía que se iba a hacer (no por conocido deja de ser indignante). La anécdota la protagonizaron dos diputados regionales del PP, Bartolomé González e Isabel Redondo, a los que un fotógrafo del país sacó una foto mientras jugaban en su iPad y su móvil mientras se votaba y aprobaba la privatización ya mencionada. El hecho en sí, más allá de suponer una mera anécdota, por la que los interfectos ya han pedido perdón (insuficiente para muchos y para mí mismo), da a entender la actitud de muchos de los políticos de este país, de indiferencia total ante el desempeño de su trabajo, máxime dada la gravedad y trascendencia del asunto que se estaba tratando.
 

Produce sonrojo el ver como algunos (que no todos) políticos de este país se toman su trabajo. Ausencias en los plenos, que a veces han conllevado la imposibilidad para sus partidos de sacar adelante propuestas, ausencias en reuniones para asistir a celebraciones (la beata Báñez, por ejemplo), descuido total por los materiales de trabajo (todos hemos perdido el iPad alguna vez).
 

Estamos en manos, por desgracia, de una clase política que se siente intocable (porque así se lo hemos hecho ver nosotros mismos). Una clase política endiosada, que siente que no tiene que dar explicaciones ante nadie, que con una simple disculpa sus meteduras de pata son olvidadas. Una clase política que no ha de temer las represalias de sus superiores ante errores, deslices, meteduras de pata o, simplemente, negligencias y dejadeces varias en el desempeño de su función. Y son ellos mismos los que piden a la ciudadanía, que no ha tenido la suerte de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado o de tener apellido de ilustre alcurnia sacrificio, esfuerzo, paciencia y comprensión.
 

Esta clase política que padecemos tiene privilegios incomprensibles. Tienen sueldos que son la envidia del común de la ciudadanía. Tienen un tren de vida que ya quisieramos muchos. Tienen la tranquilidad que da el tener la vida resuelta y el porvenir asegurado. Lo tienen todo, menos vergüenza.

Bleek