martes, 17 de mayo de 2011

REPITIENDO LOS ERRORES

El artículo 510 del Código Penal establece:
  • 1. Los que provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía, serán castigados con la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses.
  • 2. Serán castigados con la misma pena los que, con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, difundieren informaciones injuriosas sobre grupos o asociaciones en relación a su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros a una etnia o raza, su origen nacional, su sexo, orientación sexual, enfermedad o minusvalía.
Me ha parecido oportuno comenzar esta reflexión citando el artículo en cuestión, al hilo de la campaña que está llevando a cabo el Partido Popular en Cataluña. Produce, cuanto menos, sonrojo y estupefacción el ver los argumentos electorales de la formación popular en esta comunidad. Lo más grave para este bloguero, sin embargo, no es que uno o varios miembros de un partido político que se dice centrista y demócrata (no confundir con democrático, ya que el PP está a años luz de ser un partido democrático) esgriman los manidos argumentos de siempre en contra de uno de los eslabones más débiles, menospreciados y vilipendiados, y, sin embargo, más necesarios de la sociedad.

“Lo que no puede ser es que vengan personas de fuera que se dediquen a delinquir y encima les tengamos que dar ayudas sociales”. "Los inmigrantes que delinquen deben ser expulsados de España". "Enfermedades que estaban erradicadas en la ciudad desde hace mucho tiempo han vuelto a aparecer traídas por inmigrantes". Estas son algunas de las perlas ideológicas y dialécticas que representantes populares en Cataluña utilizan sin cesar en esta campaña electoral. Unos argumentos falsos, lesivos, como se ha demostrado al comienzo, constitutivos de delito y, en resumen, racistas y repugnantes.

Lo más grave, como ya he dicho, no es el uso de este argumentario por parte de unos politicastros, representantes del partido que se presenta, a fecha de hoy y por mucho que nos pese a gran parte de la sociedad, como la más que probable alternativa al actual gobierno socialista de España. Lo peor es que estos argumentos, si son utilizados, es porque se piensa que, a la hora de captar votos, pueden ser eficaces, pueden ser útiles para convencer a parte del electorado de que entregue su voto. Dos lecturas se pueden hacer aquí, cada cual más escalofriante. La primera de ellas, y, quizá, la menos mala, es que estos representantes de la clase política estén dando muestras una vez más de la desconexión que padecen con el ciudadano de a pie, creyendo que estas ideas que proclaman en cada mitin, en cada reunión, en cada foro, pueden calar en el electorado. Esto es grave, pero por desgracia, podría ser falso. Pudiera ser que estas ideas xenófobas, de intolerancia y de odio sí lleguen al electorado al que van dirigidas. Esta es la más aterradora de las dos posibilidades.

Mientras tanto, Mariano Rajoy calla y ortoga, organiza mítines con ciudadanos extranjeros para captar el voto inmigrante, mientras permite a la rama catalana del partido despacharse a gusto con exabruptos como los anteriormente mencionados, sin llamarles al orden. El, de momento, eterno aspirante a presidir el gobierno de este país no debería permitir salidas de tono de este calibre. Siendo así, lo único que deja claro es la talla moral que tiene, dejando claro que cualquier cosa vale dentro de sus filas con tal de llegar al poder. El PP es un partido que ha llevado muy mal el tener que hacer oposición. Se ha apuntado al carro del no a todo, y al del "calumnia, que algo queda".

Para terminar, sólo mencionar el viejo tópico que, se hace, sin embargo tan necesario viendo la campaña llevada a cabo en Cataluña. Y éste no es otro que el de pedir a la gente que recuerde que el dirigente más nefasto que ha conocido la Historia, Adolf Hitler, llegó al poder mediante unas elecciones democráticas, en u contexto similar al de ahora, de crisis económica, de animadversión contra los bancos y los ciudadanos adinerados. Algo que debería hacernos pensar.

Bleek Gilliam

martes, 10 de mayo de 2011

CON EL MIEDO EN EL CUERPO

Volvemos a estar en plena campaña electoral, y otra vez se apodera de mí el desasosiego propio de estos momentos, cuando veo que mis congéneres y conciudadanos van a dar su voto a los Magníficos de Mariano, esa cuadrilla de políticos rancios, nostálgicos del franquismo, que ven a España como su cortijo, el que gobernar para sus amigotes y adláteres, sin tener en cuenta a esos pequeños seres molestos, útiles en ciertos momentos, aunque prescindibles la mayoría de las veces, llamados ciudadanos.

Los políticos no engañan, es difícil que, a estas alturas de partida, sean todavía capaces de hacer creer a alguien todo lo que predican. Lo que resulta más misterioso e inquietante es la capacidad del electorado de derechas para ignorar sólo lo que quieren de sus políticos favoritos, ya sean las alumnias contra todos los cuerpos y fuerzas de seguridad y el estamento judicial de la inefable María Dolores de Cospedal (pobrecitos castellano-manchegos, como les gobierne esta energúmena inútil), las tramas de espionaje propias de Anacleto Agente Secreto de Esperanza Aguirre (salpicada también por la Gürtel y ahora por la gestión de la sanidad pública madrileña) o los desmanes urbanísticos y las corruptelas del curita Camps. Para el votante de derechas eso no existe, porque tienen una rara habilidad dialéctica y propagandística, propia de Goebbels, de culpabilizar de todo lo que hacen a sus rivales. Si los jueces afirman que la mitad del PP está pringado en tramas de corrupción, eso se debe únicamente a la mala de baba de los políticos del PSOE, que tienen envidia de lo guapos, estupendos y excelentes gestores que son sus adversarios. El PSOE, en ese afán de destruir a su némesis política, han implicado a policía de todos los signos y jueces afines para llevar adelante esta trama de mentiras y engaños, orientada únicamente a acabar con la reputiación del único partido político verdaderamente democrático que hay en este país, tan demócratico que no ha condenado todavía la dictadura franquista, o que metió a España en una guerra ilegal, dejando la imagen de nuestro país estos patriotas de salón, por los suelos.

Sarcasmos e ironías aparte, es triste ver cómo a una gran parte del electorado de este país, no parece importarle lo que los miembros de su partido hagan, siempre y cuando no gobierne el partido rival. La prueba más palpable estuvo en las elecciones generales de 2004, en las que el PSOE ganó, principal aunque no exclusivamente por la gestión que el gabinete del ínclito José María Aznar hizo de los atroces atentados del 11 de Marzo en Madrid. Pues bien, en aquellos comicios lo único que hizo posible la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a Moncloa fue que el electorado de izquierdas se movilizase para expulsar del gobierno al más nefasto presidente que este país ha tenido en Democracia, responsable en bastante medida de la situación que atraviesa España, por mucho que la caverna derechosa quiera cargar las culpas exclusivamente sobre los hombros de Zapatero y no quiera reconocer que parte de la culpa la tiene la estupenda reforma de la ley del suelo que Aznar llevó a cabo mientras gobernaba.

Está claro que las elecciones municipales del 22 de marzo van a ser un reflejo de lo que pasará, salvo sorpresa, en las generales del 2012. Pero de lo que será reflejo también, una vez más, es del escaso criterio y el escaso sentido político del electorado del PP, un partido que en vez de aspirar a gobernar mediante un programa, sólo aspira a llegar al poder, para ver después el programa que llevarán a cabo. Y llegarán, aupados por sus diez millones de votantes, a los que no les importa cada vez que sus políticos de cabecera hacen algo inmoral, reprobable o, simplemente, ilegal. Representan muy fielmente la consigna de Rajoy y los suyos, la de que todo vale para llegar al poder. 

Bleek Gilliam